Pequeño
arte mío
(apuntes niña)
Recuerdo
que aún vivíamos en Madrid y tenía que hacer un dibujo para un concurso, porque
a mi profesora le encantaban mis “Muditos” y mi manera de abstraerme dibujando.
Tenía 6 años y un cuerpo aún de “escombrera”, recuperándose, quiero decir.
No
sé quién me dijo que dibujara un hada con flores en el pelo, rubia, pequeña,
amiga de las ranas, que debía copiar de un libro con tapas amarillas, de
Andersen. El resultado fue horrible y casi traumático.
Desperté
a mi padre a las doce de la noche, llorando y sofocada, porque era incapaz de copiar el
hada y estaba planteándome y a la desesperada,
calcarlo. La ética y la mentira.
Recuerdo
a mi padre sonriendo, restándole importancia y presión al puto concurso. Y pinté una
marciana, calva, gorda, cabezona, verde, rodeada de planetas y estrellas,
desnuda y feliz.
Me
dieron mi medalla en un teatro de Gran Via.
A
los 7 años, mis hermanos y yo empezamos a disfrutar con el mundo de las
diapositivas y de los proyectores, esos chikititos que iban a pilas y donde
sólo cabían tu rostro y tus ojos.
Recuerdo
que éramos muy pequeños y mi padre nos hacia fotos con mi madre. Recuerdo ver a
mi padre con su cámara al cuello y vistiendo gafas de aviador. Hoy día, mi
hermano también lo hace y se viste igual.
A
los 8 años le pedí a mi padre su Yashica
y entonces todo cambió. Recuerdo hacer fotografías desastrosas y haber gastado muchos,
pero que muchos carretes. Mi padre sonreía y me hablaba de conocimientos y
paciencia. Me iba siempre al detalle y me pegaba tanto, tanto con la cámara que
no conseguía enfocar. Y me desesperaba a solas, experimentando hasta encontrar
“eso” que siempre buscaba. “La magia está en los detalles”. Ahora lo sé.
(apuntes niña vieja)
Ahora
sé eso y un poco más. He estudiado arte, amo el trabajo de taller y el de ratón
de biblioteca, el de laboratorio de revelado y el del olor a disolventes, la
limpieza e inmediatez que ofrece el ordenador y el mimo del arte sonoro y sus
silencios, el barro y la luz. Llevo 13 años
formándome, creciendo, viviendo, creando mis propios proyectos, mis obras
y a veces, trabajando para otros.
Yendo
de la mano de la vida que vivo y he vivido, siempre desde la honestidad y el
respeto.
Me
parece OBSCENO y de ser un auténtico hijo de puta, el que en esta españa
minúscula, que aumenta las tasas universitarias, recorta en escuelas públicas,
segrega, expulsa a investigadores, tienta a pequeñas “fuerzas del estado”, premia
a futuros toreros y futbolistas, crea con dinero público 2 ferias de arte más y
totalmente innecesarias, eleva el IVA en
cultura hasta el 21% y aquí me quedo, SE GASTE 400.000 EUROS EN UNA OBRA para
asistir a la Bienal de Venecia de este año. Y en la edición anterior, la obra
de Dora García se elevó hasta los 800.000.
Sras.
García y Almarcegui, hoy les ha tocado a ustedes: hijas de puta.
Cuando
el arte y el estado van de la mano: todo asquea, porque la realidad aparece
envuelta en un celofán brillante que parece hermoso, pero que está vacío y
manchado de orín.
Se
trata de un pacto exento de ética, honestidad y justicia.
Se
puede decir que NO, se pueden y DEBEN, en mi modesta opinión, rechazar premios.
Se puede mentir como hacen ellos y decir que SÍ y después, en el discurso, en
el atril, en prensa: escupirles las
verdades, sacarles los colores y la sangre, roja o azul. Sí, en esto también se
puede: lanzarles el puto premio a la cabeza.
Cuando
el arte es vida y la vida se vive como un arte sincero, honesto, apasionado,
consecuente, bello y libre, ningún
estado puede dominar a ambos.
Yo
creo en ello y por ello me guío.
No
pienso en emigrar.
SK