Sin invitación.
Ocurre cuando entre bromas, terminamos hablando de mi propia muerte, al
regresar de un cumpleaños. No deja de ser muy raro y asi me siento.
Por un rato, no puedo evitar envolver este hecho en tactos suaves y
luminosos, pero absurdos.
En trajes de drama.
Y entre risas seguimos caminando:
Prometo no morir cuesta arriba.
Intentaré sonreír.
Incinerarme y lanzar mis cenizas, desde una cumbre.
Entregarme a los animales del bosque, para que me devoren, defequen y
abonen una tierra en la que crecerán robustos árboles de hojas rojas.
De lenguas.
De fuego.
De musgo y piel.
De tronco con venas marcadas.
De copa inteligente.
De raíces corazón.
De mucho bien y poco mal.
Y a media historia, me detengo, reacciono, mi risa es ahora sonrisa
torcida. PUTA GRACIA.
No puede ser. Hoy no me muero. Me quedan muchas cosas por hacer:
No he visto ballenas.
No he nadado con delfines.
No he gritado desde lo alto de un escenario.
No he visto “el cambio”.
No he estado en Japón, Argentina o Noruega.
No te he amado en París.
No he visto la aurora boreal.
No he enseñado a nadar a Luz.
No he conseguido hacer un pan perfecto.
No he sido madre.
…
No he invitado a la muerte, así es que no la metáis en casa.
Y una vez más cruzamos vivos el Puente.
Y una vez más respiré la otra orilla.
(long long time ago)
(long long time ago)
SK