El azúcar y la sal, aún estando rígidas, se deshacen en agua...
con paciencia.



El río desem-boca en el mar que muerde donde termina el río.



Quiero beber despacio.



Las heridas se curan en sal, aunque duelan, y tan sólo al principio.
Después saben bien.



Si la realidad tiene hambre, es que nosotros estamos famélicos...
de principios, de amor, de palabra y escucha.




SK







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