II. LA PALABRA INICIAL

"...No volveré a hablar como he hablado. Ni a escribir como lo he hecho, sea cual sea la forma en que lo hice", alguien dice entre sí y para sí un día que se queda por ello marcado. Un día que había de llegar y que ha llegado, sin duda, a todos aquellos heridos o al menos flechados por la palabra, por esa palabra original y por ello tan amplia que abarca toda "humana "obra, constructiva irrepetiblemente. La palabra del arquitecto sostenida por la palabra escondida, sacrificada: esa muchacha que se transfiere luego a la piedra de fundación. La palabra, la piedra que sirve perdiéndose y perdiéndonos, pues fue colocada sobre la fuente "que mana y corre" aún en la noche. Y quizá sólo en la noche. Cuando el acallamiento de todos los decires permite sentir su palpitar. El inextinguible palpitar de lo vivo de verdad.



"No, no volveré a hablar como he hablado", que si se eleva a voto da el silencio en que se nos pierden - a nosotros - ellos quienes los formularon, a no ser que un día hablen ya de otro modo.
Mas el voto es una
máscara cuando no se impone por sí mismo, sin ser notado. Y entonces no se formula. Se hace como un silencio tenue, sin corporeidad. Es un resultado, un fruto más bien que se abre intangible; un grano de fuego que ha germinado ya; una forma irreconocible si se la mira. Y por ello vale más no mirar. Una presencia que no se sabe cuándo llegó, y un pensamiento sin memoria
.
Y de este pensamiento nacido del sentir y que de él no se desprende, ¿quedará memoria? ¿O volverá a fondo de su sentir como aquella paloma que se volvía porque aún no había legado el fin del diluvio? El anuncio incompleto, la incompleta profecía.



...Y las palabras ya muchas desecadas, convertidas en piedras...


... Y perdido el aliento y escondida en su raíz la voz...



Y así entendemos que no es la palabra la que se nos fue y podría estar ahí rodando entre todas, dándose a ver en algún instante fugitiva. No son ellas ni ella, si es que hay una tan sólo, las que se pierden. Es el cómo del decir y la falta del aliento primordial y del fuego sutil nunca respirado. El desaliento que el reflejo del fuego únicamente vencería. No a la palabra, sino a su arder inicial, hace su aurora."




MARIA ZAMBRANO