Ases
Todos se calmaban a su paso:
después sus sombras eran más luminosas y la carga más ligera.
Sin embargo y pese a la calma, ella terminó por engullir todas las tormentas y olas de mar.
Para no indigestarse decidió escupir poemas y mirar en los adentros buscando lo bueno.
Terminó tan cansada que ni su propia sombra le sostenía.
¿O era al revés?.
Una mañana al despertar encontró palabras entre sus dedos, escondidas entre los pliegues, sus falanges y uñas.
Bendiciones de bailarina loca, de nido con patas, de mujer piel roja...de niña vieja y sin código de barras.
Y escondida bajo la cama, se desperezaba una estatua.
La piedra se quebró:
un sol iluminó su habitación y las plantas de sus pies arrastraron retorcidas todo lo malo fuera.
Ella ríe y llora y llora y ríe, porque a los que ama le siguen con silencio de tambores.
SK