" Todo mi cuerpo tiene una capa superpuesta, comienzo a desprenderme la piel que ha sufrido siglos de esclavización, la lucha contra los tiranos, el olor mohoso de la más profunda gruta. Me arranco el cuero cabelludo. Mi otra piel, la que siempre ha permanecido en mi interior salvaguarda de la inmundicia, es incolora y mis ojos verdes parecen esmeraldas en la nieve. Me desembarazo de la capa de pelo y musgo de la lengua, una costra pútrida sobre mis auténticos dientes de leche, la máscara cae como una casa derruida. Despedazo la epidermis de mi tórax, sexo y piernas. Quedo como un montículo de nieve y a mis pies un charco de carne purulenta y mugre.
Me muevo ágilmente como un potro salvaje con crines mojadas por la lluvia.
Me encamino al gran río.
El frío penetra en mis huesos como cirios.
Toco el agua y en agua me convierto."
Cap 17.
El don de Vorace,
Félix Francisco Casanova
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